Capítulos 1 y 2: Cómo Frank Rocker se hizo productivo y cambió su vida con un viaje de 3 meses

Esta entrada es un experimento en formato borrador del estilo para el libro que voy a empezar a escribir. Este libro lo haremos de manera colaborativa. Si quieres saber cómo, pásate por esta página

Si quieres discutir sobre este tema y/o dar tu opinión sobre lo que vas a leer: pásate por el webinar/hangout que haremos el próximo 28 de Agosto

Capítulo 1: El Día que Frank Rocker…

Eran las 5:30 AM cuando sonó el despertador. La temperatura era agradable, como suele ocurrir en las zonas de costa durante la época estival. Las luces de color anaranjado de las farolas iluminaban las calles a retazos dándoles un aspecto tristón, que junto con la ausencia de ruidos, creaban un ambiente que fomentaba la concentración de Frank en sus tareas. El pensar que Lya, su pareja desde hacia ya casi 10 años, aún dormía, también facilitaba su concentración y le hacia sencillo eludir esa sensación de que estaba dando de lado a su vida personal.

Frank no sabía que ese día era El Día, el punto de inflexión que iba a hacer que todo cambiara y comenzara una aventura que le haría ver el mundo de forma distinta, a afrontar el trabajo y su vida de una forma que soñaba, pero que no sabía como alcanzar.

Frank era lo que algunos llaman un buscador, un inconformista que llevaba años buscando lo que por entonces creía que no le había dado la genética: una mente preparada para conseguir objetivos, para llevar el trabajo de manera ordenada y efectiva y sobre todo algo que le permitiera compaginar su adicción al trabajo con una vida personal más equilibrada. Frank era de esos que no leen novelas porque le parecían una perdida de tiempo, leía libros con «contenidos», libros que le enseñaran a luchar contra sus genes y poco a poco conseguir sueños profesionales y equilibrio personal. No leía algunos, sino todos los que podía de manera casi compulsiva, pero, hasta el momento, aunque todo lo leído parecía tener sentido, no había encontrado el verdadero interruptor.

Ese día, ya más en la mañana, cuando algunos pájaros empezaban a revolotear entre las ramas y emitir sus primeros ruidos, Frank se preparó el segundo café con algo de fruta y como de costumbre, mientras daba algunos sorbos, estaba recorriendo los infinitos listados de mensajes que sus «amistades» publicaban en Twitter. Tras haber leído algunas entradas de blog, de esas que de manera casi absurda resumen una biblioteca completa en «las 5 claves del ….», fue cuando vio un mensaje que le llamó la atención: «Your personal board of directors» (El consejo asesor personal). Frank pulsó con su dedo pulgar sobre la pantalla de su móvil y se abrió un vídeo de Jim Collins, un autor de renombre en el mundo de la gestión de empresas. El contenido del vídeo a estas alturas, es lo de menos. Lo importante es la idea que despertó en Frank …

Ya había leído esto, pero después de ver al autor en persona en este vídeo, he captado muchos detalles que se me habían escapado…

En él se exponía la idea de contar con personas que te aconsejen en los distintos aspectos de tu vida, si son de peso y con experiencia en las distintas áreas donde te mueves, mejor que mejor. Frank seguía reflexionando.

– He leído mucho sobre productividad, equilibrio personal, organización, filosofía, pero no parece ocurrir nada. Parece que lo que estos autores han conseguido y que después intentan hacernos llegar con sus libros le falta algo que con un vídeo mejora. Quizás la palabra escrita no sea suficiente. ¿Y si intento hablar con ellos personalmente para intentar captar la esencia de su mensaje? ¿y si pudiera tener como consejeros personales a algunos de ellos, al menos por unas horas?  Voy a comentarlo con Lya.  La mañana siguió avanzando, llegó el almuerzo, la tarde, la cena, pero nada ocurrió… La idea quedó en el subconsciente de Frank, pero no afloró hasta unas semanas después.

Ya en Septiembre, tras llevar una decena de días de vuelta a la rutina, Frank llegó a casa después de un día largo de trabajo, como solía ocurrir, y durante la cena empezó a conversar con Lya.

– Lya, estamos apunto de terminar el proyecto de consultoría y parece que no hay nada gordo a la vista. Estoy pensando en hacer otro máster …

Frank, a sus treinta y pocos ya había hecho varios másters de dirección, gestión de proyectos, etc. Así que Lya recibió la noticia con desagrado, pues implicaba ver como los Viernes y los Sábados de nuevo se convertían en jornadas aburridas, en sentir la casa vacía mientras Frank estaba absorto en sus clases. Lya contestó:

– Y si te tomas un descanso, unos meses de relax para cargar las pilas. Tenemos dinero ahorrado y en tu empresa, después de las horas de más que llevas echadas en los últimos años, no creo que te pongan pegas.

En aquél momento Frank volvió a recordar esa idea de hablar en persona con los autores de esos libros … y así fue como comenzó todo.

Capítulo 2: ¿Gurús de productividad productivos?

Eran las 6:30 de la mañana de uno de los primeros días de Septiembre. Frank no sentía a su alrededor esa calma que parece reinar en los meses de verano. Sentía la tensión, el ajetreo, la urgencia con la que las personas se movían a su alrededor, pero él estaba en una situación distinta, él no se sentía así. Estaba en el Aeropuerto a punto de tomar un avión que le llevaría a ver a su primer maestro, uno de los gurús de la productividad a nivel nacional. Tenía clara la pregunta que quería hacerle, ¿Por qué no me funcionan las metodologías de productividad? ¿Cómo lo has conseguido tú? ¿Dónde está el secreto?

Tras un aterrizaje sin detalles a destacar llegó a una de esas grandes ciudades donde el ajetreo que sintió al salir del Aeropuerto de su ciudad, más pequeña y menos industrializada y céntrica, era mucho más frenético. La gente conducía muy rápido, con gran agresividad. Desde el interior del taxi que le llevaba a su cita el sonido constante de los cláxones casi no le permitía escuchar la música de la radio que un taxista calvo, de sesenta y tantos, escuálido pero sonriente, usaba para tener su pequeña isla de tranquilidad entre aquél mar de asfalto lleno de tiburones que intentaban morderse unos a otros, pero evitando tocarse.

Frank empezó a conversar con el Taxista, Dann, y sorprendentemente su primera lección, una de las más valiosas, la aprendió con este hombre desconocido esa misma noche reflexionando sobre la conversación mantenida.

Frank se bajó del taxi en una plaza pequeña flanqueada por unos pocos árboles de hojas de verde intenso que le daban al paisaje urbano un aspecto muy acogedor. En una de las esquinas había un pequeño café con mesas de estilo francés donde esperaba John Tiger, una persona que daba conferencias por todo el país enseñando productividad.

– Buenas tardes Sr. Tiger, es un verdadero honor que haya accedido a esta invitación a café. Llevo años leyéndole y viendo sus conferencias. Me parece increíble que pueda estar aquí sentado con usted para debatir sobre mis dudas.

– Por favor, llámame John, lo de Sr. Tiger nunca me ha gustado, aunque algunos se empeñen en ello, por …, bueno da igual … ¡tutéame por favor!

– Ok, Sr. …, perdona, John.

– Yo te voy a tutear también Frank y no te preocupes por lo del café, pocos se atreven como tú a preguntarlo, pero la verdad es que uno de los motivos por los que me dedico a esto es para ayudar a otros a ser mejores. Así que voy a disfrutar hablando contigo y seguro que aprendo algo de la conversación.

– Vaya, no lo creo, pero bueno, vamos a ello… ¿Te apetece otra café John?.

– Pues, creo que sí, pero tomaré una tónica, hace mucho calor por aquí todavía y no quiero tomar más cafeína.

Frank, que aún no se había sentado, se acercó a la barra, pidió un café en vaso, pues le tenía manía a las tazas, y una tónica con mucho hielo, pues pensó que esto refrescaría más a John y tenía necesidad de agradar. Cuando el camarero las sirvió, pagó sobre la marcha para evitar la incómoda situación de discutir quién pagaría la cuenta. Creía que era lo mínimo que podía hacer para agradecer a John su valioso tiempo.

– Bueno Frank, ¿qué tal el viaje?.

– Pues bien, un poco estresante la forma de conducir de por aquí, pero bien. Lo único destacable es que he tenido una conversación sorprendentemente interesante con el taxista que me ha traído hasta aquí. Si quieres te cuento a ver que piensas.

Dijo Frank para intentar romper le hielo.

– Ja ja, El tráfico por aquí es una locura, y si quieres hablamos de tu conversación con el taxista, pero ando corto de tiempo y no me gustaría que no tratemos lo que de verdad te ha hecho venir hasta aquí …

– Tienes razón, bueno, a ver cómo te lo plantearía para ir al grano … creo que la pregunta es un poco complicada, pero ¿Por qué no consigo que me funcionen las metodologías de productividad? He seguido varias de ellas, y durante buenos periodos de tiempo he conseguido mantener las rutinas y hábitos recomendados de manera bastante completa, pero los problemas de fondo siguen por ahí.

– ¿A qué problemas te refieres?.

– Pues a que sigo teniendo demasiadas cosas en la cabeza, me sigue costando desconectar y sigo con la sensación de es imposible alcanzar un estado de equilibrio entre trabajo y vida personal adecuado. ¿Cómo lo has conseguido tú?.

– Jajaja, Verás Frank … , los que nos dedicamos a la productividad no lo solemos contar en nuestras charlas o libros, pues al fin y al cabo, vivimos de esto y si queremos motivar a nuestros seguidores tenemos que predicar con el ejemplo, pero si te soy sincero, yo tampoco lo consigo al 100%.

– Vaya, ¡qué sorpresa!.

– Pues sí Frank, hay otros problemas que hacen que sea difícil. Voy a intentar contártelos de manera ordenada.

En primer lugar, es que, bajo mi punto de vista, todas las metodologías acaban quedándose cortas por un lado u otro. Unas rutinas basadas en listas de tareas y demás, como propone GTD por ejemplo, dejan de lado cosas tan importantes como tener un propósito que te guíe y te ayude a decidir en qué proyectos te implicas y qué proyectos no.

En segundo lugar, la gran mayoría de las metodologías de productividad se basan en incorporar a tu día a día multitud de hábitos a base de fuerza de voluntad mientras pocos parecen ser capaces de mantener estos hábitos, por lo que creo que algo no está bien planteado.

En tercer lugar, el mundo está cambiando a un ritmo trepidante en los últimos años, me atrevería a decir en los últimos 5 años, y todo el material de productividad que existe es anterior a este cambio. Podríamos decir que este material está casi «obsoleto». Esto me lleva a varios problemas de los que creo que existen:

Estamos saturados de información, y la información cuando entra en nuestras cabezas acaba generando ideas, y esas ideas acaban derivando en trabajo. Para la cantidad de información que se mueve hoy en día, creo que no hay ninguna metodología que nos ayude a prepararnos.

Ya no se trabaja sólo casi nunca, todo se hace en conjunto con otras personas, y las metodología de productividad personal, como GTD, no tienen en cuenta 100% que ahora todo el trabajo es con otras personas y no sólo una pequeña parte de él.

Existen nuevas herramientas informáticas que ayudan a solucionar los problemas anteriores como la sobrecarga de información, o el trabajo en colaboración, pero parece que las metodologías de productividad para estar bien planteadas deben poderse hacer con papel y lápiz. Lo que ocurre es que en un mundo digital no podemos seguir luchando con herramientas de hace siglos. Creo que ya no es opcional aprovechar el potencial de estas herramientas.

Las metodologías de productividad no suelen entrar en cómo compaginar tu vida personal y laboral, que al final, es donde la mayoría solemos tener los problemas más relevantes. Una vida personal bien llevada es condición indispensable para que tu productividad en el trabajo sea óptima, y esto todos parecen ignorarlo.

– Ya veo … entonces ¿Cuál crees que es la mejor forma de solucionar estos problemas?.

– Frank, si no entendí mal en tu primer mensaje, pretendes visitar distintos expertos en productividad y el resto de temas que te interesan. Mi único consejo es que intentes visitar gente con las que puedas hablar no sólo de productividad, sino de cómo compaginar vida personal y profesional, cómo aprovechar …

– Perdona que te interrumpa, pero es que justo de lo de la vida personal estuve hablando esta mañana con el taxista y …

Continuará … si os gusta.

Si te gusta o NO te gusta este formato (puedes leer esta otra versión) y las reflexiones, por favor, deja un comentario y/o pásate por el webinar que haremos para discutir sobre el tema !

 

4 pensamientos en “Capítulos 1 y 2: Cómo Frank Rocker se hizo productivo y cambió su vida con un viaje de 3 meses

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  4. Raúl

    Me parece muy interesante cómo desarrolla estos temas. Para alguien como yo, que está empezando su andadura por el camino que lleva a la productividad, su blog es una mina de oro de conocimiento.
    Espero impaciente más capítulos como este, más entradas de blog, y el libro final.

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